Volcán Etna: Subiendo a los dominios del Mongibello

Volcan Etna Viajero Tricolor

Italia es más que monumentos históricos, pizza y pasta. En Sicilia, la isla más grande del país con forma de bota, se encuentra el volcán activo más grande de Europa. Su nombre es Etna y los locales lo llaman en su idioma Mongibello. Acercarse a este imponente coloso natural fue toda una experiencia. 

De Catania al volcán Etna


Al comienzo de un día caluroso de verano en Catania nos dirigimos hacia la plaza principal de la ciudad, la Piazza del Duomo. La idea era encontrar algún medio de transporte que desde allí nos acercara al monte en donde se encuentra empotrado el imponente volcán Etna, ya que no habíamos hecho mayor investigación con antelación (un error de novatos).

Plaza Duomo Catania
Catedral de Catania en la Plaza del Duomo.
Luego de tomar unas cuantas fotos en la plaza y de hacer algunas averiguaciones, encontramos en una de las esquinas a una persona ofreciendo el típico tour en bus "Hop on-Hop off". Personalmente no suelo usarlos porque prefiero recorrer las calles a pie para tomar fotos, además de que suelen ser costosos. Sin embargo dado que no había más opciones en el momento (hoy sé que hay una opción usando transporte público) y que ya se acercaba el medio día, decidimos tomarlo.  El bus de dos pisos nos dio un recorrido por la ciudad y por supuesto ofrecía información narrada en diferentes idiomas, así como también una parada en un café para tomar algo y refrescarse antes de dirigirse al destino final, el volcán. El precio de este bus que incluye ida y regreso está alrededor de los 30 euros.

A medida que nos acercábamos al punto de llegada se podía apreciar el cambio en el paisaje. La tierra oscura y las rocas opacas y livianas daban la bienvenida al panorama volcánico que esperaba más adelante. Todo bajo un cielo perfectamente azul.

Emisiones volcán Etna
Panorama del camino hacia el Etna. A lo lejos se observan las emisiones de humo del volcán.
El recorrido del bus terminó en el refugio Sapienza desde donde se puede tomar el Funivia dell'Etna, el teleférico que permite subir hasta 2900 metros de altura. Aunque el Etna tiene una altura que supera los 3200 metros, por motivos de seguridad sólo hasta este punto está permitida por la ley la subida al volcán.

Subiendo por el Mongibello


La subida se puede hacer a pie o usando el teleférico. Éste último tiene un costo un tanto elevado en comparación con otros (entre 20 y 25 euros) pero permite tener unas vistas impresionantes. El terreno rocoso, los colores, la escasa vegetación y la inmensidad del volcán hacen que en mi opinión valga la pena pagar un poco. 

Teleférico volcán Etna
Las cabinas del teleférico del Etna.
Vistas teleférico Etna
Vista del paisaje desde la cabina del teleférico.

A 2900 metros de altura


Una vez finalizado el recorrido del teleférico llegaba el momento de caminar un poco, no sin antes dejarse sorprender por la imagen del volcán a lo lejos echando humo en cantidades y por el estruendo producto de su actividad.

El Viajero Tricolor volcán Etna
Con las emisiones del volcán Etna al fondo.

El camino a seguir era fácil de distinguir, pero no igual de fácil de transitar. La textura de la tierra y la cantidad de pequeñas rocas volcánicas hace que sea un poco resbaladizo, y si no se cuenta con el calzado adecuado, como era mi caso, te la vas a pasar sacándote piedras de los zapatos. Sin embargo, el sitio está muy bien adaptado al turismo y se puede ver gente de todas las edades y estados físicos haciendo la escalada hacia el cráter.

A mitad de camino me detuve a descansar un poco y pude disfrutar de una vista espectacular del recorrido que había hecho hasta el momento mientras una brisa agradable refrescaba el soleado día.

Subir volcán Etna
Vista del camino recorrido.

Unos pasos más arriba me encontré con un profundo e inmenso cráter. Las personas maravilladas sólo podían sentarse y disfrutar de tan magnífico panorama fácilmente comparable con una imagen tomada en otro planeta.

Roca volcánica Etna
Roca volcánica en la cima del cráter.
El tiempo allí arriba parecía detenerse. Era un paisaje atípico. Ver y escuchar retumbar al colosal volcán, haciendo temblar la tierra y pintando los cielos de color ceniza, me permitió reflexionar acerca de lo pequeños y frágiles que somos los seres humanos en este mundo y sentir el poder de la naturaleza.

Subiendo al punto más alto.

Este paseo fue increíble, definitivamente los lugares que más me han maravillado han sido puestos por la naturaleza y no por el hombre. Este es un lugar que hay que visitar si se está cerca, seguro que valdrá la pena.

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